martes, 19 de noviembre de 2013

El pueblo unido

Esta bendita locura que es el periodismo me ha dado mucho, más de lo que siquiera se me ocurrió imaginar. Soy uno de esos pocos afortunados en este mundo que puede decir con la cabeza bien alta que de verdad hace lo que le gusta en la vida, escribo y me leen, tengo el derecho de observar desde dentro muchas cosas cuyo funcionamiento ansiaba conocer en mi infancia y, de vez en cuando, esta magnifica profesión me regala oportunidades inigualables. Sin embargo, ser periodista conlleva también un bendito deber, y ese es la obligación de contar las historias de aquellos que no pueden, la misión de dar voz a los que no la tienen. Mis protagonistas de hoy se han expresado en muchas plataformas, es más, mi historia de hoy la han contado muchos famosos antes que yo, pero yo os quiero contar lo que viví hace tres semanas al lado del pueblo al que llamo mi hogar. Os quiero contar, ahora que la emotividad del momento ya es cosa del pasado cómo viví desde dentro aquella histórica movilización de Mondragón del 31 de octubre.

Puede que el silencio suene muchas veces vacío, falto de esencia. Aquel día no, aquel día era precisamente la quietud de miles de mondragoneses, más que los que se movilizaron ningún otro día en esa tranquila ciudad guipúzcoana, la que gritaba a los cuatro vientos la voluntad unánime de un pueblo. El compromiso inquebrantable de unos ciudadanos. La tarde de ese último día de octubre de 2013 es el ejemplo perfecto de que, a veces, el silencio puede ser el más ensordecedor de los gritos.

Cuando yo me desplacé a Arrasate aquella tarde, ya conocía, por supuesto, lo que había pasado con Fagor, y era además, portador de ese secreto a voces que inundaba toda la comarca del Alto Deba y que sin embargo, nadie parecía haber oído fuera de ella. Ese secreto a voces que decía que ese cierre de Fagor, pese a que era traumático y se podría haber retrasado, se veía venir. Fagor al fin y al cabo no dejaba de ser un gigante con pies de barro, una gran empresa a la que las pésimas decisiones tomadas en los últimos años habían llevado a una situación límite.


Sin embargo, hay muchas cosas de las que me enteré ese 31 de octubre. Como por ejemplo las que me cuenta el trabajador de Fagor que me acompaña durante todo el camino que recorre la larga marea humana. Es sorprendente, cuanto menos, escuchar su relato de cómo se enteraron ellos, los trabajadores y en muchos casos socios de la empresa del cierre de la misma. Mientras paseamos, acompañados por muchos compañeros suyos y otros desconocidos me cuenta que se enteró de la traumática noticia por la radio "Estabamos trabajando con la radio puesta y de repente escuchamos la noticia. Nos quedamos sin saber qué hacer. Aquello sería sobre las 12:30. Decidimos seguir trabajando en espera de que nos reunieran, pues no podíamos dejarlo todo solo por una cosa que hubieramos escuchado por la radio. Así pues seguimos trabajando sin recibir noticias de arriba. Bajamos a comer y seguíamos sin noticias, volvimos a subir y aún no sabíamos nada. Solo a las 16:45, cuando nuestro turno termina a las 17:00 nos convocaron a una reunión obligatoria y nos confirmaron la noticia". Sobre el porqué de esta actuación, no alberga dudas, "Lo hicieron para evitar que hiciéramos preguntas".

Escucho esto atónito mientras seguimos paseando por una Mondragón en la que los pocos viandantes que no se unen a la movilización la apoyan, en silencio o con aplausos, y en la que comercios de la zona tampoco se esconden a la hora de mostrar su apoyo a los trabajadores que se habían echado a la calle, incluso en los carteles luminosos. La razón, me cuenta mi acompañante, es que el cierre de Fagor no solo afecta a los trabajadores de la empresa, sino que acaba con todo el tejido del pueblo, ya que muchas PyMEs han cerrado ya ante la pérdida de la empresa de la MCC, que era su principal comprador, y muchos comercios están sufriendo en sus carnes la pérdida notable del poder adquisitivo de la ciudadanía de Arrasate.

Es así precisamente como se explica que muchos de los ciudadanos que con sus labios cerrados y con el único sonido del batir de sus palmas de vez en cuando marchan al lado de los que fueran empleados de Fagor ni siquiera hubieran trabajado en la empresa. Un jubilado que no quiere revelarme su nombre me cuenta por ejemplo que "Estamos aquí por el bien del pueblo de Mondragón" aunque él ni trabajara ni hubiera trabajado en Fagor.

Porque la tragedia en la pequeña ciudad guipuzcoana es de todos. Mayores y niños, hombres y mujeres han sufrido la pérdida de una empresa que era mucho más que eso, han sufrido la pérdida del auténtico motor del municipio. Familias enteras han perdido ahora no solo el trabajo sino una importante parte de su dinero (Al ser una cooperativa, para traer una solución al problema, han cogido el dinero de las cartillas de los trabajadores, lo que era prácticamente su colchón para el futuro). Iván Urzelai, un ex-empleado de Fagor, al igual que su esposa, nos resume el sentir de los trabajadores así: "No sabemos que va a pasar. Nos hemos quedado sin trabajo y sin futuro". Preguntado por esas recolocaciones que prometían desde Fagor y la MCC, dice que "Eso es posible para los que tienen estudios, para los demás es casi imposible encontrar un trabajo". Termina señalando al mismo culpable al que apuntan todos, al presidente de la MCC, Txema Lisasola, con un contundente "Txema Lisasola nos ha dejado tirados".

Al llegar a la plaza del ayuntamiento de Mondragón, al fin, el elocuente silencio que todo el pueblo arrasatearra había mantenido hasta llegar allí se transformó en un contundente grito de guerra que llenó todo el aire, "Fagor, Edesa, Ez Itxi" ("Fagor, Edesa, No cerreis"). Una evidente llamada de atención a un Txema Lisasola que admite tener los 50 millones para salvar a una empresa que hace solo 6 meses decía que "No se puede dejar caer" pero que prefiere gastárselos en otro proyecto secreto del que nadie sabe nada. Una llamada de atención al hombre que está desangrando Arrasate.


Me alejo de la manifestación con una sensación impresionante, con la sensación de haber asistido a un momento trascendental. A la comunión de todo un pueblo dispuesto a luchar porque no le quiten su vida. A la comunión de un pueblo dispuesto a luchar para proteger a los suyos. Pensé que el tiempo tal vez mitigaría esa sensación, que tal vez era la emoción de lo vivido. Hoy, tres semansas después puedo asegurarle, querido lector, que estoy convencido de que jamás podré olvidar lo vivido aquella tarde. De que la tarde del 31 de octubre de 2013 quedará grabada en mi mente para toda mi vida. Puede que no haya servido de nada en realidad, pero esa tarde es muy importante. Porque Mondragón demostró aquella tarde el poder del pueblo unido.

Xabier Gómez Lage

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