Imagínense despertar un día y ver que existen papeles (y que un medio de comunicación los ha sacado a la luz) que apuntan a que su presidente del gobierno ha cobrado casi 300.000 Euros en dinero negro. Esto no debe de ser lo mejor para el corazón. Junten eso con unos recortes que se están mostrando como poco menos que contraindicados y una situación económica y social asfixiante y tendrán el caldo de cultivo perfecto para que la ciudadanía se levante en armas. Una vez hecho este ejercicio de evocación de una situación propia de una dictadura del África Subsahariana, abran los ojos. Bienvenidos a España.
La portada de ayer de "El País" nos enseña nuestro gran temor convertido en realidad. Con tanto escándalo de corrupción estallando cual "Mascletá" era bastante propio imaginar que, posiblemente, acabara saliendo a la luz que nuestro presidente, además de un consumado olvidadizo, es un demostrado corrupto. Sin embargo, al menos en mi caso, había (y hay, aunque menor, porque no se ha probado más allá de toda duda nada) un hilo de esperanza que me decía que quizá resultara que al menos, teníamos un presidente que hacía lo que consideraba lo mejor para España, aunque con un éxito bastante cuestionable.
Me gustaría poder estar convencido de que mi visión de que el tiempo de Mariano Rajoy en el gobierno de España debería llegar a su fin de una manera casi inmediata es fruto de mis convicciones políticas. Sin embargo, lo cierto es que cada vez que trato de mirar al asunto con objetividad, el resultado es el mismo. Un escándalo de esta magnitud debería llevar aparejada, cuando todas las pruebas apuntan a la veracidad de la información, la dimisión inmediata del gobierno, con, por supuesto, la convocatoria de unas elecciones generales anticipadas.
Cierto es que, aunque nos disguste reconocerlo, lo de Rajoy no deja de ser "normal" en el contexto actual, con la mitad de las "Estrellas" de nuestra política afectadas por casos de corrupción de mayor o menor cuantía económica. Y cierto es, que, aunque sea más doloroso todavía reconocerlo, estoy seguro (Y estoy seguro de que muchos de ustedes, queridos lectores, también lo están) de que la tormenta política que "El País" desencadenó ayer va a acabar pasando a la posteridad con un efecto más parecido al de una brisilla de verano. Pero la verdad es que, improbables repercusiones políticas a parte, la jugada de Rajoy, si se demuestra más allá de toda duda (Un respeto a la presunción de inocencia) merece, además de la ya mencionada dimisión, una acción potente de la justicia, sin importar nombres y apellidos del encausado.
Imagínense despertarse un día y encontrarse con un país dirigido por hombres justos, que cumplen sus promesas electorales y que, con mayor o menor acierto, tratan de encaminar el país hacia la prosperidad. Imagínense un estado mucho más parecido a las naciones europeas a su alrededor que a África o el lejano oriente. Desgraciadamente, esto no lo podrán ver si abren los ojos. Así es como todos soñamos que fuera España, pero, desafortunadamente, así no es como es, ahora mismo, España.
P.D.: Donde dice Rajoy, lease, además del propio presidente, a Cospedal, Álvarez Cascos, Mayor Oreja y tantos y tantos implicados por la trama de corrupción dirigida por Luis Bárcenas y Álvaro Lapuerta.